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Pekinés

Pekinés , también conocida como Pekingese. , pertenece al grupo de perros pequeños, mini y toy .
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Información de Pekinés

El Pekinés es un perro de compañía pequeño, compacto y de porte orgulloso, famoso por su aspecto leonino, su historia imperial y su carácter independiente. Aunque pesa poco, transmite una sorprendente sensación de solidez cuando se le coge en brazos, porque su estructura es robusta y su osamenta marcada. Es una raza adecuada para hogares tranquilos, personas que valoren un perro cercano pero no pegajoso, y familias capaces de cuidar con seriedad su respiración, sus ojos, su piel y su manto. No conviene elegirlo solo por su apariencia exótica: el Pekinés necesita cuidados responsables y una selección muy prudente, especialmente por su condición braquicéfala.

Historia

La historia del Pekinés está profundamente ligada a la China imperial. Durante siglos fue un perro asociado a palacios, aristocracia y simbolismo religioso, especialmente en la ciudad de Pekín, de donde procede su nombre occidental. Estos pequeños perros de cara corta eran apreciados como animales de compañía de alto rango, no como perros de trabajo. Su función era acompañar, decorar la vida cortesana y representar prestigio. Esta selección como perro palaciego explica su aire distinguido, su seguridad y esa actitud de dignidad que todavía hoy resulta tan característica.

En la tradición china, el Pekinés se relacionó a menudo con la imagen del león, un animal cargado de valor simbólico. Su melena, su pecho abundante y su expresión firme reforzaban esa asociación. No era un perro pensado para la obediencia utilitaria, sino para estar cerca de personas de alto estatus, moverse con porte pausado y mantener una presencia casi ceremonial. Ese pasado explica por qué muchos ejemplares conservan una personalidad orgullosa y algo distante, muy distinta a la de otros perros pequeños más dependientes.

La llegada del Pekinés a Europa se produjo en el siglo XIX, en un contexto histórico complejo relacionado con la apertura forzada de China a las potencias occidentales. Algunos ejemplares fueron llevados a Gran Bretaña, donde despertaron gran interés por su rareza, su aspecto y su vinculación con la corte china. Desde allí la raza empezó a difundirse entre criadores y aficionados, consolidándose como perro de compañía de lujo. Su expansión occidental transformó al Pekinés en una raza reconocida internacionalmente, aunque su origen cultural siguió siendo chino.

Con el paso del tiempo, los estándares modernos intentaron definir su tipo sin perder la funcionalidad básica. La raza debe tener expresión leonina, cuerpo compacto y manto abundante, pero no a costa de la salud. Es importante subrayar que el Pekinés correcto no debe mostrar dificultad respiratoria ni incapacidad para moverse con normalidad. La cría actual debería alejarse de exageraciones en cara, arrugas, ojos, cuerpo o pelo. Su historia es fascinante, pero su futuro depende de priorizar bienestar sobre apariencia extrema.

Características

El Pekinés es un perro pequeño, equilibrado y moderadamente robusto, con una presencia muy superior a su tamaño. Su peso ideal no debe superar aproximadamente los 5 kg en machos y los 5,4 kg en hembras, aunque lo más importante es que sea sólido, proporcionado y capaz de moverse sin dificultad. Debe parecer pequeño, pero sorprendentemente pesado al levantarlo. La osamenta fuerte forma parte del tipo racial, siempre que no provoque torpeza ni problemas de locomoción. Su apariencia general combina dignidad, calidad y estructura compacta.

La cabeza es proporcionalmente grande, más ancha que profunda, con cráneo moderadamente amplio y aplanado entre las orejas. El stop está definido y el perfil facial es plano, con la nariz situada entre los ojos. La pigmentación negra en trufa, labios y bordes de los párpados es un rasgo muy importante. Sin embargo, el hocico no debe ser inexistente ni las narinas estrechas. Un Pekinés sano necesita orificios nasales amplios y respiración libre, sin que la arruga facial obstruya la nariz o irrite los ojos.

El hocico debe ser corto y ancho, pero visible, con una mandíbula inferior firme y labios nivelados que no muestren dientes ni lengua. Los ojos son redondos, oscuros, brillantes y limpios, aunque no deberían ser demasiado grandes ni prominentes. En una raza braquicéfala, el exceso ocular aumenta el riesgo de lesiones, sequedad o úlceras. La expresión ideal es alerta e inteligente, no sufriente ni exagerada. La belleza del Pekinés debe apoyarse en rasgos moderados y saludables.

Las orejas tienen forma de corazón, se insertan a nivel del cráneo y cuelgan cerca de la cabeza, sin sobrepasar la línea del hocico. Están cubiertas por flecos largos que contribuyen al aspecto leonino de la raza. El cuello es relativamente corto y grueso, y el cuerpo también es corto, con cintura marcada, línea superior nivelada y pecho ancho, suspendido entre los miembros delanteros. Esta estructura produce una silueta muy particular. El conjunto debe ser compacto, firme y bien equilibrado.

Los miembros anteriores son relativamente cortos, gruesos y con hueso pesado. Los antebrazos pueden presentar una ligera curvatura, adaptándose a la amplitud del pecho, pero la conformación debe ser absolutamente sana. Los pies delanteros son grandes, planos y pueden girar levemente hacia fuera, aunque un giro excesivo es indeseable. Los posteriores son fuertes y musculados, pero algo más ligeros que los anteriores. La raza no debe moverse con dificultad ni apoyos débiles. La salud de las extremidades es una prioridad esencial en el Pekinés.

El movimiento típico es lento, digno y balanceado en el frente, con una acción característica que no debe confundirse con deformidad, debilidad de hombros o problemas articulares. Un Pekinés sano puede caminar con soltura dentro de sus proporciones, sin quedarse bloqueado por el exceso de pelo ni por una construcción defectuosa. El estándar moderno es claro al penalizar la incapacidad de moverse normalmente. Su paso debe transmitir porte y estabilidad, no sufrimiento ni limitación.

El manto es moderadamente largo, recto y abundante, con pelo externo áspero y una lanilla interna más suave y densa. Forma una melena alrededor del cuello y presenta flecos en orejas, parte posterior de las extremidades, cola y entre los dedos. Sin embargo, el exceso de manto no es deseable si impide la actividad o esconde la forma real del cuerpo. Se admiten casi todos los colores y marcas, excepto albino e hígado. El pelaje debe ser vistoso pero funcional, nunca una carga para el perro.

Carácter

El Pekinés tiene un temperamento intrépido, digno y algo distante. No suele comportarse como un perro pequeño inseguro ni como un cachorro eterno; más bien transmite seguridad y cierta independencia. Con su familia puede ser afectuoso y muy fiel, pero a menudo elige cuándo acercarse, cuándo jugar y cuándo descansar. No es raro que tenga preferencias claras por una o dos personas del hogar. Su carácter destaca por lealtad, orgullo y autonomía.

Con los extraños suele mostrarse reservado. No debería ser agresivo ni tímido, pero tampoco es una raza que tienda a recibir a todo el mundo con entusiasmo. Puede observar desde la distancia, acercarse cuando se siente seguro o ignorar a quien no le interesa. Esta reserva forma parte de su personalidad histórica como perro de compañía aristocrático. Una buena socialización ayuda a que sea educado y tranquilo ante visitas. Lo ideal es prudencia sin miedo ni hostilidad.

Con niños puede convivir bien si los menores son respetuosos y tranquilos, pero no es la raza más adecuada para juegos bruscos. Su cuerpo compacto, sus ojos expuestos y su sensibilidad al calor hacen que los empujones, caídas o manipulaciones torpes sean especialmente arriesgados. Un Pekinés no debería ser tratado como un juguete. Puede ser cariñoso con niños que respetan sus descansos y su espacio, pero necesita supervisión. La convivencia exige delicadeza y educación mutua.

Con otros perros y animales puede adaptarse si se le socializa correctamente, aunque algunos ejemplares muestran una valentía desproporcionada frente a perros mucho más grandes. Esa confianza puede ser simpática, pero también peligrosa si el propietario no la gestiona. Con gatos suele poder convivir si las presentaciones son graduales y el ambiente es tranquilo. No es un perro de alta persecución, pero sí puede defender su espacio. La clave está en presentaciones cuidadosas y control del entorno.

Su independencia puede confundirse con terquedad. El Pekinés entiende, aprende y memoriza, pero no siempre ve sentido en obedecer de forma repetitiva. Necesita una educación amable, breve y motivadora, adaptada a su personalidad. La dureza puede volverlo más cerrado, y la permisividad absoluta puede convertirlo en un perro mandón. Con equilibrio, suele responder bien a rutinas claras y refuerzos positivos. Su mejor educación se basa en respeto, paciencia y coherencia.

Cuidados

El cuidado del manto requiere constancia. Aunque no debe tener un pelo exagerado, su doble capa necesita cepillados frecuentes para evitar nudos, retirar pelo muerto y mantener la piel aireada. Las zonas más delicadas son orejas, cuello, pecho, axilas, parte posterior de las patas, cola y pelo entre los dedos. Si el manto se descuida, puede acumular suciedad y provocar tirones en la piel. Un Pekinés bien cuidado conserva un pelaje bonito, limpio y cómodo.

La higiene facial es especialmente importante. La arruga nasal, los pliegues de la cara y la zona de los ojos deben revisarse con regularidad para evitar humedad, irritaciones, mal olor o infecciones. Hay que limpiar con suavidad y secar bien, sin introducir productos irritantes cerca de los ojos. Las narinas deben mantenerse libres, y cualquier respiración ruidosa, esfuerzo evidente o intolerancia al calor debe consultarse. En esta raza, la limpieza de la cara es una necesidad sanitaria diaria o frecuente.

El ejercicio debe ser moderado y adaptado. El Pekinés no necesita largas carreras ni deportes intensos, pero sí paseos tranquilos, movilidad diaria y algo de estimulación mental. Conviene evitar las horas de calor, los esfuerzos bruscos y las situaciones en las que jadee de forma excesiva. Es mejor usar arnés que collar para no presionar la tráquea o el cuello. Su rutina ideal combina paseos cortos, calma y ambientes frescos.

Puede vivir muy bien en un piso, siempre que tenga una rutina adecuada y un ambiente tranquilo. No necesita grandes espacios, pero sí confort térmico, zonas de descanso y protección frente a calor extremo. Las escaleras largas, los saltos desde sofás o camas y los suelos resbaladizos pueden ser problemáticos para su espalda y articulaciones. Es recomendable facilitar accesos seguros y evitar impactos innecesarios. La adaptación urbana funciona mejor con prevención y sentido común.

La alimentación debe controlarse con precisión. Al ser pequeño y de actividad moderada, puede engordar fácilmente si recibe demasiados premios o raciones mal ajustadas. El sobrepeso empeora la respiración, aumenta la carga sobre columna y articulaciones, y reduce tolerancia al ejercicio. También conviene cuidar la salud dental, porque las razas pequeñas pueden acumular sarro con facilidad. Mantenerlo en un peso correcto es una de las mejores medidas preventivas.

Educación

La educación del Pekinés debe empezar desde cachorro, aunque su tamaño invite a permitir conductas que luego resultan incómodas. Debe aprender a venir cuando se le llama, aceptar la manipulación, caminar con arnés, quedarse tranquilo en su cama y no exigir atención mediante ladridos o gruñidos. No hace falta buscar obediencia intensa, pero sí normas claras. Un Pekinés equilibrado necesita límites amables y rutinas previsibles.

La socialización temprana es muy importante. Debe conocer personas, perros tranquilos, ruidos, superficies, veterinario, peluquería, cepillado y manipulación de ojos, cara y patas. Todo debe hacerse con suavidad, sin agobiarlo ni permitir que lo invadan. Si se le protege en exceso, puede volverse desconfiado; si se le fuerza, puede cerrarse o defenderse. La socialización correcta busca seguridad y tolerancia al mundo cotidiano.

El refuerzo positivo es la mejor herramienta. Premios pequeños, elogios, juegos tranquilos y sesiones breves funcionan mejor que repeticiones largas. El Pekinés suele aburrirse si se le entrena de forma mecánica, y no responde bien a la presión. También hay que evitar reír o reforzar conductas de posesividad, gruñidos injustificados o resistencia al cuidado. Educarlo con respeto no significa ceder siempre. La clave está en firmeza suave y constancia.

Uno de los errores habituales es permitirle todo por ser pequeño. Si se le deja decidir quién se acerca, cuándo se le toca o si puede gruñir para evitar cuidados básicos, la convivencia se complica. También es un error castigarlo físicamente, porque su tamaño y estructura lo hacen vulnerable, y porque puede perder confianza. Lo adecuado es trabajar de forma gradual, premiando cooperación y anticipando dificultades. La educación debe proteger su dignidad y la seguridad de todos.

La aceptación del manejo es una parte esencial de su educación. El Pekinés necesitará limpieza facial, revisión ocular, cepillado, corte de uñas, control dental y visitas veterinarias. Si aprende desde pequeño que estas rutinas son normales y agradables, la vida será mucho más fácil. Las sesiones deben ser cortas, con pausas y premios, sin convertirlas en forcejeos. En esta raza, colaborar en los cuidados es una habilidad tan importante como sentarse.

Salud

La salud del Pekinés debe abordarse con especial seriedad por su braquicefalia. Su cara corta puede predisponer a problemas respiratorios, sobre todo si presenta narinas estrechas, paladar blando excesivo, ronquidos intensos, intolerancia al calor o dificultad para recuperarse tras el ejercicio. Un Pekinés bien criado no debería vivir jadeando ni esforzándose para respirar. Cualquier señal de dificultad respiratoria merece atención veterinaria. La cría responsable debe buscar caras moderadas y vías respiratorias funcionales.

Los ojos son otro punto delicado. Al estar más expuestos que en razas de hocico largo, pueden sufrir sequedad, irritaciones, úlceras corneales, golpes o problemas relacionados con párpados y pliegues faciales. Hay que vigilar enrojecimiento, lagrimeo, parpadeo excesivo, secreción, opacidad o dolor. No se debe esperar a que “se pase solo”, porque las lesiones oculares pueden avanzar rápido. La prevención ocular exige revisión frecuente y respuesta temprana.

La columna y las articulaciones también requieren atención. El Pekinés puede tener predisposición a problemas de discos intervertebrales, además de luxación de rótula u otras molestias musculoesqueléticas. Saltos desde altura, sobrepeso y escaleras continuas pueden aumentar el riesgo de dolor o lesiones. Si aparece cojera, debilidad, dolor al cogerlo, dificultad para subir o cambios en la marcha, conviene consultar pronto. La protección de espalda y rodillas es fundamental para su calidad de vida.

La piel puede verse afectada por pliegues húmedos, alergias, irritaciones o infecciones si no se mantiene limpia y seca. La zona facial, la barbilla, las orejas y las áreas con más pelo deben revisarse con regularidad. El calor es especialmente peligroso para un perro braquicéfalo, por lo que en verano hay que evitar esfuerzos, coches cerrados, sol directo y paseos en horas centrales. Un golpe de calor puede ser grave. El manejo diario debe priorizar frescura, ventilación y prevención.

Elegir un criador responsable es especialmente importante en esta raza. Debe seleccionar perros que respiren bien, se muevan correctamente, tengan ojos sanos, piel manejable y temperamento equilibrado. No conviene premiar ejemplares con arrugas excesivas, narinas cerradas, ojos exageradamente prominentes o manto que impida moverse. Ningún criador puede garantizar ausencia total de problemas, pero sí puede criar con criterio. La mejor elección busca belleza moderada y salud real.

El cachorro

El cachorro de Pekinés suele ser curioso, orgulloso y muy tierno, pero no debe tratarse como un objeto frágil ni como un capricho. Necesita rutinas de comida, sueño, salidas, juego suave y manipulación. Desde pequeño debe aprender a aceptar el cepillado, la limpieza facial y las revisiones de ojos y patas. También conviene enseñarle a descansar en su cama y no depender siempre de brazos o atención constante. La primera etapa debe construir seguridad y buenos hábitos.

La socialización debe hacerse con mucho cuidado. El cachorro debe conocer personas, perros tranquilos, sonidos domésticos, veterinario, transporte y diferentes superficies, pero siempre sin sobrecargas. Por su tamaño, puede asustarse si perros grandes lo invaden o si niños lo manipulan bruscamente. Hay que protegerlo sin aislarlo. Un Pekinés bien socializado puede ser seguro y educado; uno sobreprotegido puede volverse desconfiado. La clave está en experiencias positivas y controladas.

El control de esfínteres requiere paciencia. Al ser pequeño, sus necesidades pueden ser frecuentes y los errores dentro de casa son normales al principio. Hay que sacarlo después de dormir, comer, beber y jugar, premiando los aciertos y limpiando accidentes sin castigos. También puede aprender a usar una zona higiénica si la familia lo necesita, aunque eso no sustituye los paseos. La educación debe ser constante, tranquila y previsible.

El mordisqueo y el juego deben adaptarse a su cuerpo. Necesita juguetes adecuados a su tamaño, juegos suaves y supervisión para evitar caídas desde sofás, camas o brazos. No conviene permitir juegos de persecución intensa ni manipularlo de forma brusca. También hay que evitar que aprenda a gruñir para impedir cuidados básicos. Las rutinas de manejo deben introducirse con premios y calma. El cachorro necesita delicadeza sin permisividad excesiva.

Durante la adolescencia puede aparecer más independencia, selectividad con extraños o cierta tendencia a imponer su voluntad. No es un problema si se mantienen normas claras y una relación respetuosa. Hay que seguir reforzando llamada, manipulación, limpieza facial, paseo con arnés y calma ante visitas. Aunque sea pequeño, necesita educación continua. La constancia permite formar un adulto seguro, educado y manejable.

Consejos

Antes de elegir un Pekinés, conviene valorar si se está dispuesto a asumir sus necesidades reales. Es un perro pequeño, sí, pero no de mantenimiento mínimo. Requiere cepillado, limpieza facial, vigilancia ocular, control del calor, peso adecuado y visitas veterinarias preventivas. También necesita respeto por su carácter independiente. No es la mejor raza para familias que quieran un perro muy deportivo o para personas que no puedan atender cuidados diarios. La decisión debe basarse en responsabilidad y realismo.

Si se compra un cachorro, es imprescindible buscar un criador que no fomente exageraciones. Hay que observar si los padres respiran sin ruido excesivo, caminan bien, tienen ojos sanos y narinas abiertas. También conviene preguntar por problemas de piel, ojos, espalda y partos en la línea. Si se adopta un adulto, hay que evaluar respiración, movilidad, estado ocular, piel, dientes y tolerancia a la manipulación. Elegir bien significa priorizar salud antes que una cara extrema.

En casa, conviene preparar un entorno seguro. Rampas o escalones bajos pueden evitar saltos desde muebles, los suelos antideslizantes ayudan a proteger articulaciones y una zona fresca es esencial en épocas de calor. El arnés es preferible al collar para los paseos. También hay que mantener agua fresca, controlar el peso y evitar ejercicio intenso bajo temperaturas altas. Pequeñas medidas diarias pueden marcar una gran diferencia en su bienestar.

No conviene infantilizarlo ni dejarlo sin normas por su tamaño. El Pekinés puede ser cariñoso y divertido, pero también firme en sus preferencias. Si se le permite evitar todo cuidado mediante gruñidos, exigir comida o controlar espacios, puede desarrollar conductas difíciles. La educación debe ser amable, pero consistente. Respetar su dignidad no significa permitirle decidirlo todo. La convivencia mejora con límites claros y trato delicado.

Para la persona adecuada, el Pekinés puede ser un compañero maravilloso: tranquilo en casa, leal, observador, con mucha personalidad y una presencia única. No necesita grandes aventuras, pero sí cuidados atentos y una familia que entienda sus límites físicos. Su atractivo no está solo en su historia imperial, sino en esa combinación de orgullo, ternura y carácter. Bien criado y bien cuidado, el Pekinés ofrece una convivencia íntima, elegante y llena de personalidad.

Curiosidades

Una de las curiosidades más conocidas del Pekinés es su aspecto leonino. La melena alrededor del cuello, el pecho abundante y su actitud digna recuerdan a la figura del león, símbolo de poder y protección en la cultura china. Esta imagen influyó mucho en la forma de valorar la raza. Aun así, el aspecto de león no debe justificar exageraciones que perjudiquen la salud. El verdadero encanto está en su porte orgulloso y equilibrado.

Durante siglos fue un perro asociado a la corte imperial china, y su posesión estuvo rodeada de prestigio y exclusividad. Esta historia palaciega ayuda a entender su carácter independiente, su dignidad y cierta distancia con desconocidos. No es un perro criado para obedecer como un trabajador rural, sino para acompañar con presencia y personalidad. Esa herencia se percibe en su manera segura de ocupar el espacio.

El Pekinés es pequeño, pero sorprendentemente pesado al cogerlo. Esta sensación se debe a su osamenta fuerte y a su cuerpo compacto, rasgos esenciales de la raza. No debería parecer frágil ni liviano, aunque tampoco debe confundirse robustez con sobrepeso. Un ejemplar sano debe ser sólido, pero capaz de moverse con comodidad. Su cuerpo refleja fuerza concentrada en tamaño reducido.

Otra curiosidad es que el estándar moderno insiste mucho en evitar señales de dificultad respiratoria, movimiento anormal o exceso de manto. Esto es especialmente importante porque algunas modas han llevado a exagerar rasgos de razas braquicéfalas. Un Pekinés correcto no debe sufrir para respirar ni para caminar. La belleza responsable consiste en mantener tipo racial sin sacrificar bienestar.

Su carácter suele sorprender a quienes esperan un perro pequeño sumiso y siempre dispuesto. El Pekinés puede ser cariñoso, pero también selectivo, valiente y muy seguro de sí mismo. Esa mezcla de tamaño reducido y personalidad fuerte es parte de su encanto. Quien lo comprenda y lo cuide con respeto descubrirá un compañero noble, antiguo y profundamente singular.

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FCI del Pekinés Estándar FCI del Pekinés

Datos de la raza Pekinés

Nombre: Pekinés Otros nombres: Pekingese. Tamaño: pequeños, mini y toy

Imágenes de Pekinés

Origen de Pekinés

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