Menú

Carlino

Carlino , también conocida como Pug, Doguillo. , pertenece al grupo de perros pequeños, mini y toy .
Tabla de contenidos

Información de Carlino

El Carlino, también conocido internacionalmente como Pug, es un perro pequeño de compañía con una identidad muy marcada: cuerpo corto y compacto, cara chata, ojos oscuros muy expresivos y una manera de estar en el mundo que mezcla simpatía, dignidad y un punto cómico casi irresistible. Su popularidad no se explica solo por su aspecto, sino por una personalidad muy orientada a las personas, capaz de convertirlo en un compañero extremadamente cercano cuando se le cría y se le cuida bien.

Ahora bien, el Carlino no debería entenderse como un perro “fácil” por ser pequeño ni como un capricho estético. Es una raza con límites físicos muy concretos, sobre todo en respiración, tolerancia al calor, ojos y columna, y por eso conviene mirarla con realismo. Puede encajar muy bien en pisos, en ciudad y en familias tranquilas o moderadamente activas, pero siempre que se comprenda que su bienestar depende mucho de elegir ejemplares funcionales y de evitar cualquier exageración de tipo o de peso.

Historia

El estándar FCI sitúa el origen del Carlino en China y recuerda que los perros de nariz respingada gozaban allí de gran aprecio desde hace siglos. Esa raíz oriental es una de las pocas cosas indiscutidas en la historia de la raza. A partir de ahí, lo que hoy llamamos Carlino empezó un largo viaje cultural y comercial hasta Europa, donde acabaría encontrando una segunda vida como perro de compañía de enorme prestigio.

La llegada a Europa se asocia a los comerciantes de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales. Según el estándar, ya en el siglo XVI estos perros eran admirados en los Países Bajos, donde alcanzaron una notable presencia en círculos cortesanos y llegaron incluso a convertirse en un símbolo vinculado a los patriotas reales. Esa transición desde perro exótico importado a emblema aristocrático explica buena parte del aura histórica que todavía rodea a la raza.

El Carlino llegó a Inglaterra cuando Guillermo III subió al trono, y desde allí consolidó todavía más su difusión en la nobleza europea. El estándar recuerda además un detalle curioso: hasta 1877 en Inglaterra solo se veían ejemplares leonados, y fue en ese año cuando una pareja negra introducida desde Oriente amplió la paleta visible de la raza. Ese dato ayuda a entender por qué el negro, hoy plenamente aceptado, tuvo una historia más tardía en Occidente.

Con el tiempo, el Carlino dejó de ser solo un perro de salón cortesano para convertirse en un perro de compañía universal. Su éxito moderno no deriva de una capacidad de trabajo especializada, sino de una combinación muy eficaz de tamaño manejable, gran expresividad y un carácter alegre y afectuoso. El problema es que esa popularidad también ha favorecido durante décadas la cría impulsiva y la selección por rasgos extremos, algo que hoy obliga a mirar la raza con más criterio que nunca.

Características

El Carlino es decididamente cuadrado y compacto. El estándar lo resume con la vieja expresión “multum in parvo”, mucha sustancia en poco espacio, y esa idea sigue siendo la mejor forma de describirlo. Debe ser un perro pequeño pero musculado, firme y bien construido, nunca patilargo ni tan bajo de extremidades que parezca deformado. La sustancia, además, no debe confundirse con obesidad, algo que el propio estándar subraya de forma expresa.

La cabeza es relativamente grande en proporción al cuerpo y de forma redondeada, pero no de “manzana”. Las arrugas de la frente tienen que estar definidas sin exageración. La trufa debe ser negra y las narinas, grandes y abiertas; el estándar es muy tajante al indicar que las fosas estrechas y los pliegues pesados sobre la nariz son inaceptables y deben penalizarse severamente. Esta precisión no es solo estética: busca preservar un perro más funcional en un punto crítico de la raza.

El hocico es relativamente corto, romo y cuadrado, pero no debería estar tan aplastado como para afectar ojos o nariz. Los ojos correctos son oscuros, redondos y brillantes, con expresión dulce y atenta, aunque nunca exageradamente saltones ni mostrando blanco al mirar al frente. Las orejas son finas y pequeñas, y puede haber dos formas: en rosa o de botón, siendo estas últimas las preferidas. Esa expresión abierta, vivaz y algo preocupada es una de las señas más queridas de la raza.

El cuello es ligeramente arqueado y suficientemente largo para llevar la cabeza con orgullo. El cuerpo debe ser corto, musculado y bien unido, con topline nivelada, pecho amplio y costillas bien arqueadas hacia atrás. La cola se inserta alta y debe ir firmemente enroscada sobre la cadera; el doble rizo es muy apreciado. No es un detalle menor, porque en el Carlino la cola forma parte del perfil típico, aunque sin dejar de ser un punto anatómico que conviene vigilar por salud y comodidad.

Las extremidades son fuertes, rectas y de longitud moderada, con pies ni tan largos como los de liebre ni tan redondos como los de gato. El movimiento correcto, visto desde delante y desde atrás, debe ser recto y seguro, con un ligero balanceo del tercio posterior que es característico de la raza. El manto es fino, corto, liso, brillante y sin textura lanosa. Los colores reconocidos son plata, albaricoque, leonado claro y negro, siempre con máscara y marcas bien definidas lo más negras posible. El peso ideal se sitúa entre 6,3 y 8,1 kilos.

Carácter

El estándar describe al Carlino como un perro de gran encanto, dignidad e inteligencia, equilibrado, alegre y vivaz. Esa combinación explica bastante bien por qué resulta tan atractivo. No es un payaso sin fondo ni un perro quieto y pasivo, sino un compañero muy pendiente de su gente, con bastante sentido del humor y una presencia doméstica muy marcada. Suele gustarle estar donde están sus personas y participar en lo que sucede, aunque a veces lo haga con más entusiasmo que delicadeza.

Con su familia suele ser especialmente afectuoso. A muchos carlinos les cuesta bastante la soledad prolongada y prefieren una vida en la que puedan dormir cerca, seguir a alguien por la casa o simplemente estar presentes. Esa tendencia al apego es parte importante del atractivo de la raza, pero también significa que no siempre encajan bien en hogares donde pasan muchas horas solos o con una rutina emocionalmente fría. Cuando están bien vinculados, suelen ser perros muy agradables y expresivos.

Con extraños suelen mostrarse abiertos o, al menos, correctos, aunque hay diferencias entre individuos. No es una raza creada para la guarda dura ni para la desconfianza permanente, pero sí puede alertar y comentar bastante lo que ocurre a su alrededor. En algunos ejemplares aparece un ladrido algo insistente si no se trabaja desde joven la gestión de la excitación o de las visitas. En general, el Carlino tiende más a ser sociable y curioso que áspero o receloso.

Con niños puede convivir bien si el ambiente es tranquilo y respetuoso. Suele ser un perro robusto para su tamaño, con bastante capacidad para soportar el día a día familiar, pero no conviene olvidar que su conformación limita mucho la tolerancia al calor, al juego brusco y al exceso de activación. Con otros perros, la convivencia suele ser razonable si ha habido socialización correcta, aunque algunos pueden volverse reactivos por inseguridad o por sobreprotección. En el Carlino, el equilibrio de carácter depende mucho de una crianza sensata y de no tratarlo como un juguete.

Cuidados

El pelaje del Carlino es fácil de mantener si se compara con razas de manto largo o rizado. El Royal Kennel Club indica un cepillado semanal y, en la práctica, suele bastar con algo de constancia para retirar pelo muerto y mantener la piel ventilada. Aun así, muda bastante y los pliegues faciales merecen atención frecuente, porque pueden retener humedad, suciedad y restos de comida. La raza no exige peluquería compleja, pero sí una higiene bien hecha en cara, ojos, orejas y cola.

En ejercicio, el Carlino no necesita grandes cargas atléticas, pero tampoco debería vivir sin pasear ni jugar. El Royal Kennel Club orienta la raza hacia hasta una hora diaria, una cifra que conviene adaptar mucho al clima, la edad y el estado respiratorio del perro. Lo que mejor suele funcionar son paseos tranquilos, juego moderado y actividad mental. Un Carlino sano agradece moverse, pero su ejercicio debe organizarse siempre pensando en que es un perro braquicéfalo y no en que, por ser pequeño, “puede con todo”.

El calor representa una de sus mayores limitaciones prácticas. La investigación y la información clínica sobre BOAS dejan claro que los perros braquicéfalos pueden tener dificultades para disipar calor y respirar con normalidad, sobre todo en momentos de excitación, esfuerzo o estrés. En el Carlino esto obliga a evitar paseos a horas malas, coches calientes, juegos intensos en verano y cualquier situación en la que el jadeo se vuelva exagerado. No es una precaución exagerada: es parte del cuidado básico de la raza.

También conviene vigilar mucho el peso. El estándar ya avisa de que la sustancia no debe confundirse con obesidad, y la investigación sobre braquicéfalos apunta además a que la conformación y el exceso de condición corporal agravan la expresión clínica de los problemas respiratorios. Un Carlino demasiado redondo empeora en movilidad, en tolerancia al calor y en calidad respiratoria. Mantenerlo magro, musculado y activo dentro de sus límites es probablemente una de las mejores medidas de prevención que puede aplicar cualquier propietario.

Educación

El Carlino suele aprender bastante mejor de lo que la gente imagina. El estándar habla de inteligencia y equilibrio, y eso se nota enseguida en casa: capta rutinas, entiende contextos y suele responder bien al refuerzo positivo. No es una raza para una obediencia militar ni para sesiones eternas, pero sí para una educación amable, consistente y muy práctica. La clave está en no dejarse engañar por su cara simpática y creer que “ya irá aprendiendo solo”. Como cualquier perro, mejora muchísimo cuando se le enseña desde temprano.

La socialización temprana es muy importante, sobre todo para evitar inseguridades, dependencia excesiva o ladrido nervioso. Personas, ruidos, otros perros equilibrados, viajes cortos, manipulación de cara y patas y tiempos breves de separación deberían formar parte de su mundo desde pequeño. En un perro tan orientado a las personas, aprender a quedarse tranquilo y a tolerar cierta frustración es casi tan importante como la llamada o el paseo con correa. Un Carlino demasiado protegido suele ser bastante más complicado de lo que parece.

También conviene enseñar calma. En esta raza la excitación excesiva no solo complica la convivencia, sino que puede empeorar la respiración y la recuperación tras el esfuerzo. Saber esperar, relajarse en casa, no desbordarse con visitas o juego y aceptar la manipulación diaria de ojos, arrugas y orejas forma parte esencial de su educación. En un Carlino bien llevado, la obediencia útil y la regulación emocional pesan más que los trucos vistosos.

Salud

La salud del Carlino merece una mirada especialmente seria. Es una raza braquicéfala, y eso significa que su conformación puede predisponer a problemas respiratorios agrupados bajo el nombre de BOAS o síndrome obstructivo de las vías respiratorias del braquicéfalo. La Universidad de Cambridge y el Royal Kennel Club han desarrollado esquemas específicos de valoración funcional respiratoria precisamente para Bulldogs, Bulldogs Franceses y Pugs, lo que ya da una idea de la importancia del problema. No todos los carlinos están igualmente afectados, pero la raza sí tiene un riesgo claro.

El propio estándar FCI moderno es mucho más explícito que antes: exige narinas bastante grandes y abiertas, y señala que las fosas estrechas y los pliegues pesados sobre la nariz son inaceptables. Además, aclara que ojos y nariz nunca deben quedar perjudicados u ocultos por los pliegues. Este cambio de lenguaje refleja una realidad: en el Carlino, la selección por un tipo demasiado extremo ha empeorado el bienestar, y hoy el ideal debería ser un perro más funcional y respirable, no más chato porque sí.

Los ojos son otro punto delicado. Por su anatomía, el Carlino está más expuesto a lesiones y problemas oculares. La PDSA señala en la raza riesgo de ojo seco, infecciones, traumatismos, úlceras corneales y alteraciones palpebrales como entropión o ectropión, y recuerda que los hocicos muy cortos y las órbitas someras favorecen este tipo de complicaciones. No es casualidad que el club de raza estadounidense incluya el examen ocular entre los requisitos básicos para CHIC. Un Carlino con ojos muy expuestos o irritados no está “siendo típico”: está siendo un perro con peor calidad de vida.

Entre los problemas específicos de la raza destaca la encefalitis del Carlino o PDE, también llamada NME en algunos contextos científicos. El Pug Dog Club of America la describe como una enfermedad inflamatoria cerebral fatal, que suele afectar a perros jóvenes y puede causar convulsiones, ceguera, coma y muerte en días o semanas. El mismo club recuerda que existe una prueba para un marcador genético relacionado con el riesgo, por lo que hablar de PDE con el criador no es una rareza, sino una parte importante de la selección responsable.

La mielopatía del Carlino es otro problema importante y probablemente infradiagnosticado. El club americano la considera la causa más frecuente de incoordinación y debilidad progresiva de las extremidades posteriores en la raza, con evolución hacia parálisis en uno a cuatro años. Además, explica que suele asociarse a un complejo de alteraciones vertebrales y medulares, y menciona también otras causas de ataxia en pugs como hemivértebras, hernias discales o tumores espinales. Esto obliga a tomarse muy en serio cualquier cojera rara, arrastre de pies o pérdida de control en el tercio posterior.

Los controles de cría recomendados por el Pug Dog Club of America y el sistema CHIC incluyen PDE, revisión ocular y patela como básicos, y añaden como opcionales cadera, codos, tráquea, columna, corazón, ácidos biliares y déficit de piruvato quinasa. Esa lista deja claro que el Carlino no es una raza para comprar sin preguntar. Tiene sentido buscar criadores que hablen abiertamente de respiración, ojos, rótulas, columna y PDE, porque en esta raza el origen del cachorro influye muchísimo en su bienestar futuro.

El cachorro

El cachorro de Carlino suele ser encantador, confiado y muy fácil de querer. Precisamente por eso conviene no banalizar sus primeros meses. Hay que observar desde muy pronto cómo respira al jugar, cómo duerme, cómo tolera el calor y cómo se recupera después de moverse. También es una etapa excelente para acostumbrarlo a la limpieza de arrugas, a la revisión de ojos, orejas y uñas y a la manipulación general del cuerpo. En esta raza, la educación para los cuidados empieza casi el mismo día que llega a casa.

La socialización debe ser amplia pero prudente. Hay que enseñarle personas, perros, sonidos, paseos urbanos y viajes, pero evitando golpes de calor, juegos excesivos y ambientes demasiado caóticos. Un cachorro de Carlino bien trabajado suele ser muy agradable de llevar a todas partes; uno sobreprotegido o mal acostumbrado puede desarrollar dependencia, nerviosismo o un ladrido muy demandante. Al ser un perro tan pegado a la familia, aprender a tolerar pequeños ratos de separación también es clave.

Durante el crecimiento hay que vigilar mucho el peso y no precipitar el ejercicio intenso. Mejor paseos cortos pero frecuentes, juego sensato y bastante descanso que carreras largas o actividad en horas de calor. También conviene hablar pronto con el veterinario sobre ojos, respiración y rótulas si aparece cualquier señal dudosa. En un cachorro de esta raza, la diferencia entre un desarrollo correcto y uno problemático suele estar en detalles cotidianos aparentemente pequeños. El manejo temprano pesa mucho.

Consejos

Antes de convivir con un Carlino, conviene hacerse varias preguntas sinceras. ¿Se aceptan sus limitaciones con el calor? ¿Se va a priorizar salud respiratoria y ocular por encima de la cara “más chata” o del ejemplar más de moda? ¿Se está dispuesto a controlar peso, vigilar ojos y mantener la rutina higiénica de arrugas y cola? Quien entra en la raza con expectativas realistas suele disfrutar muchísimo de su carácter. Quien solo ve una cara simpática, muchas veces descubre demasiado tarde que el Carlino exige más responsabilidad de la que aparenta.

Si se compra un cachorro, merece la pena pedir información concreta sobre PDE, ojos, rótulas, respiración y, si es posible, historial de columna y corazón. También es muy útil ver a los progenitores respirar, moverse y recuperarse tras una pequeña activación. Un buen Carlino no es el más extremo, sino el que vive con más normalidad. En esta raza, elegir mejor suele significar renunciar a lo más exagerado para ganar en bienestar, longevidad y convivencia real.

Curiosidades

Una de las curiosidades más conocidas del Carlino es su papel histórico como perro de corte y de símbolo político en los Países Bajos. No muchas razas pequeñas pueden presumir de un recorrido tan peculiar: de perro de nariz corta apreciado en China a compañero de comerciantes, de ahí a emblema de patriotas reales y luego a favorito de la aristocracia inglesa y europea. Esa trayectoria explica parte del prestigio histórico que todavía conserva la raza.

También resulta llamativa la importancia estética de detalles como la línea dorsal negra, la máscara oscura, el “pulgar” o rombo de la frente y el doble rizo de la cola. Son rasgos muy valorados dentro del tipo clásico y ayudan a construir esa imagen tan reconocible del Carlino tradicional. Precisamente por eso conviene recordar que el estándar moderno insiste también en otra idea menos vistosa, pero más importante: solo deberían criarse perros clínica y funcionalmente sanos. En una raza tan popular, esa quizá sea la curiosidad más necesaria de recordar.

Descargar Estándar FCI del Carlino

FCI del Carlino Estándar FCI del Carlino

Datos de la raza Carlino

Nombre: Carlino Otros nombres: Pug, Doguillo. Tamaño: pequeños, mini y toy

Imágenes de Carlino

Origen de Carlino

Vídeo de Carlino