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Qué prefieren de verdad los perros: caricias, atención o comida

Curiosidades - 14/04/2026
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Cuando se habla de premiar a un perro, mucha gente da por hecho que la comida siempre gana. Tiene lógica: los premios comestibles suelen captar su atención con rapidez, son fáciles de usar y funcionan muy bien en muchas situaciones. Sin embargo, la relación que un perro tiene con las caricias, la atención humana y la comida es más compleja de lo que parece. La ciencia lleva años intentando responder a esa duda y la idea que va tomando forma es bastante interesante: no todos los perros valoran igual cada refuerzo, y además no es lo mismo una golosina que una voz amable o un contacto físico de calidad.

Lo que muestran los estudios cuando se compara comida y atención

Uno de los trabajos más citados sobre este tema fue realizado por el equipo de Gregory Berns en Emory University. En ese estudio, combinaron datos de neuroimagen con pruebas de comportamiento para analizar si los perros respondían mejor a la comida o al elogio de su persona de referencia. El resultado no fue un triunfo aplastante de la comida: en los perros que completaron el estudio, la mayoría mostró una preferencia por la alabanza del propietario o una valoración muy similar entre ambas opciones, mientras que solo una minoría mostró una preferencia muy marcada por la comida.

Eso no significa que los premios comestibles hayan dejado de ser eficaces. Otro trabajo clásico, firmado por Erica Feuerbacher y Clive Wynne, encontró que una interacción social breve era, para la mayoría de perros estudiados, un refuerzo menos eficaz que la comida. Es decir, si se mide la fuerza del refuerzo en términos de respuesta mantenida, rapidez o persistencia, la comida suele seguir teniendo una ventaja importante, sobre todo en contextos de aprendizaje muy concretos.

Visto así, no hay contradicción real. Una cosa es que muchos perros valoren mucho a su persona y respondan con fuerza a la atención social, y otra distinta es que, en determinadas tareas, la comida sea un reforzador más claro, más inmediato y más fácil de cuantificar. En otras palabras: un perro puede estar muy unido a ti y, aun así, trabajar mejor por un trocito de comida en una sesión de entrenamiento.

Caricias y elogios no son lo mismo para un perro

Uno de los matices más interesantes aparece cuando se separan las caricias de la voz. Muchas personas meten todo en el mismo saco y piensan que decir “muy bien” equivale a tocar al perro con calma y de una forma que le resulte agradable. Pero varios estudios indican que no es exactamente así. En un trabajo centrado en comparar caricias frente a elogio verbal, los perros mostraron preferencia por el contacto físico frente a la simple alabanza oral, tanto en perros de refugio como en perros con hogar.

Este detalle encaja bastante bien con la experiencia cotidiana. Hay perros que reciben palabras cariñosas sin prestar demasiada atención, pero cambian claramente su respuesta cuando el contacto físico es pausado, cercano y en una zona que les resulta cómoda. También explica por qué algunas personas sienten que su perro “pasa” de los elogios, aunque en realidad lo que ocurre es que ese perro encuentra más valor en otro tipo de interacción social. La voz puede acompañar y ayudar, pero para muchos animales el contacto físico bien leído tiene más peso emocional que el refuerzo verbal por sí solo.

Por qué no todos los perros eligen lo mismo

La respuesta depende mucho del individuo. La edad, la historia de aprendizaje, el nivel de hambre, el entorno, el estado emocional y el tipo de vínculo con la persona influyen bastante. Un perro joven, muy activado o en un entorno lleno de estímulos puede responder mejor a la comida porque es un refuerzo rápido y muy concreto. Otro perro, más tranquilo y especialmente apegado a su tutor, puede mostrarse muy motivado por la cercanía, la atención o las caricias. El propio estudio de Emory insistía en esas diferencias individuales, porque no todos los perros del experimento reaccionaron igual.

También importa quién ofrece el refuerzo. No es lo mismo una caricia de una persona desconocida que el contacto de alguien con quien el perro tiene un vínculo fuerte. Tampoco es lo mismo premiar en casa, en un entorno familiar, que hacerlo en la calle, en un parque o en medio de distracciones. Parte de las diferencias entre estudios se explican precisamente por eso: el contexto cambia el valor del refuerzo. Por eso conviene desconfiar de las frases absolutas del tipo “los perros prefieren siempre…” porque, sencillamente, la realidad no funciona así.

Qué implica esto en la vida diaria y en el entrenamiento

La lectura práctica es bastante útil. Si lo que buscas es enseñar una conducta nueva, pulir un ejercicio difícil o trabajar con distracciones, la comida suele seguir siendo una herramienta muy potente. Tiene precisión, se entrega rápido y ayuda a repetir muchas veces una conducta con claridad. Pero eso no obliga a elegir entre una cosa y otra. La investigación más reciente apunta a que la interacción social sí puede funcionar como reforzador, especialmente cuando no se ofrece de forma monótona o continua, aunque para muchos perros siga siendo menos potente que la comida.

En la práctica, esto abre una vía muy razonable: combinar refuerzos. Un premio de comida puede marcar mejor una conducta nueva, mientras que las caricias, la cercanía o una voz agradable pueden ayudar a mantener el vínculo, bajar tensión y dar continuidad a lo aprendido. Para algunos perros, la mejor fórmula no es elegir entre comida o afecto, sino usar ambos de forma inteligente según el momento. Eso además evita un error bastante común: intentar que el perro trabaje siempre por elogio verbal cuando todavía no le resulta suficientemente valioso en ese contexto.

Cómo saber qué valora más tu perro

No hace falta montar un experimento para obtener pistas útiles. Basta con observar con un poco de atención. Algunas señales orientativas pueden ser estas:

  • Si al terminar una conducta correcta busca tu mano, se arrima o mantiene el contacto, probablemente las caricias tienen bastante valor para él.
  • Si ejecuta con más rapidez cuando ve comida y pierde interés cuando desaparece, es posible que el refuerzo alimenticio tenga más peso en ese momento.
  • Si responde mejor a una voz alegre acompañada de presencia cercana que a una caricia rápida y mal colocada, quizá valore la interacción social, pero no cualquier tipo de toque.
  • Si en casa trabaja bien con afecto, pero en la calle solo mantiene la atención con comida, lo más probable es que el contexto esté cambiando el valor del premio.

Observar esto con calma suele dar más información que cualquier teoría general. No se trata de decidir qué “debería” preferir un perro, sino de descubrir qué le resulta realmente reforzante a ese individuo concreto.

Una curiosidad que dice mucho sobre el vínculo con los perros

Quizá lo más llamativo de todo este debate no sea si gana la comida o ganan las caricias, sino lo que revela sobre la relación entre perros y humanos. Durante mucho tiempo se simplificó la conducta canina pensando que todo giraba alrededor de la comida. Los estudios más finos han ido mostrando algo más interesante: muchos perros no se mueven solo por interés alimentario, y la relación social con las personas tiene un valor real para ellos. Ahora bien, ese valor no siempre adopta la misma forma ni pesa igual en todas las situaciones. A veces se expresa mejor con contacto físico, otras con proximidad, otras con atención compartida, y muchas veces convive perfectamente con la eficacia de un premio comestible bien usado.

Por eso, cuando un perro parece escoger entre caricias o comida, la pregunta de fondo quizá no sea cuál de las dos cosas le gusta más en abstracto, sino qué necesita, qué siente y qué le compensa más en ese instante. Ahí es donde suelen aparecer las respuestas más interesantes: no en una regla universal, sino en la forma concreta en que cada perro vive el vínculo, el aprendizaje y el placer de estar con su gente.

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