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Por qué un cachorro recién nacido rechaza la alimentación

Alimentación - 17/11/2024
Tabla de contenidos

Que un cachorro recién nacido rechace la alimentación no debe considerarse un comportamiento normal ni una simple falta de apetito. Durante las primeras semanas de vida depende casi por completo de la leche materna o de una fórmula adecuada para cachorros, por lo que una dificultad para mamar puede deteriorarse con rapidez. El frío, la debilidad, una técnica incorrecta o una enfermedad pueden estar detrás del problema. Si el cachorro no succiona, está apagado o lleva varias tomas sin alimentarse, necesita valoración veterinaria cuanto antes.

Por qué un cachorro recién nacido puede rechazar la leche

Los cachorros neonatos todavía no regulan bien su temperatura, tienen pocas reservas energéticas y no pueden compensar durante mucho tiempo una ingesta insuficiente. Además, cualquier alteración puede afectar a varias funciones al mismo tiempo: mamar, mantenerse caliente, digerir y eliminar correctamente.

Está demasiado frío o demasiado débil

La hipotermia es una de las causas más frecuentes de rechazo de la alimentación. Un cachorro frío pierde capacidad para succionar y digerir, y puede parecer somnoliento, inmóvil o poco reactivo. En estas condiciones, insistir con el biberón puede ser peligroso porque su reflejo de deglución también puede estar disminuido.

La debilidad puede aparecer después de varias tomas insuficientes, tras un parto complicado, por falta de oxígeno, por bajo peso o como consecuencia de una infección. Un cachorro que apenas se mueve, no busca a la madre o no reacciona al contacto necesita atención urgente.

La leche materna no está disponible o no es suficiente

En ocasiones, la madre produce poca leche, está dolorida, nerviosa o no permite que los cachorros mamen. También puede haber problemas en las mamas, como inflamación, heridas o una infección. Si la camada es numerosa, algunos cachorros pueden quedar desplazados por sus hermanos y recibir menos leche, especialmente los más pequeños o débiles.

El rechazo aparente también puede deberse a que el cachorro no consigue engancharse bien al pezón. Un pezón demasiado grande, una postura incómoda, la presencia de leche muy escasa o la competencia entre hermanos pueden dificultar la toma sin que exista una enfermedad concreta.

La fórmula o el método de alimentación no son adecuados

Los cachorros deben recibir leche maternizada específica para su especie. La leche de vaca, las mezclas caseras y otros alimentos no proporcionan necesariamente el equilibrio nutricional que necesitan y pueden causar diarrea, gases o deshidratación.

El rechazo también puede producirse si la fórmula está demasiado fría, demasiado caliente, mal preparada o lleva demasiado tiempo conservada. El biberón puede tener una tetina inadecuada, un orificio demasiado grande o demasiado pequeño, o desprender un flujo que el cachorro no puede controlar.

La postura es igualmente importante. Alimentar al cachorro boca arriba, como si fuera un bebé humano, aumenta el riesgo de que la leche pase hacia las vías respiratorias. Debe colocarse tumbado sobre el vientre, con la cabeza en una posición natural y sin forzar el líquido dentro de la boca.

Puede tener un problema en la boca o en la deglución

Algunas alteraciones congénitas, como el paladar hendido, dificultan o impiden que el cachorro succione correctamente. Puede observarse leche que sale por la nariz, estornudos durante la toma, tos, atragantamientos o escaso aumento de peso.

También pueden existir lesiones en la boca, inflamación, dolor o problemas neurológicos que interfieran con la succión. No siempre se aprecian a simple vista, por lo que una exploración veterinaria es necesaria cuando el rechazo persiste o se acompaña de signos respiratorios.

Está enfermo

Las infecciones neonatales pueden avanzar con rapidez. Un cachorro enfermo puede rechazar la leche, separarse de la camada, llorar de forma continua o, por el contrario, permanecer excesivamente quieto. La diarrea, los vómitos, la distensión abdominal, la dificultad respiratoria, las secreciones nasales, las encías pálidas o azuladas y la temperatura corporal anormal son señales de alarma.

También puede haber deshidratación, alteraciones de la glucosa, infestaciones parasitarias, problemas digestivos o complicaciones relacionadas con el parto. No es posible identificar la causa con seguridad solo observando que no mama.

Señales que requieren atención veterinaria urgente

Un cachorro recién nacido que no se alimenta debe vigilarse de cerca, pero algunas situaciones no admiten espera. Conviene contactar con un veterinario o con un servicio de urgencias si presenta cualquiera de estos signos:

  • Rechaza varias tomas o no muestra ningún reflejo de succión.
  • Está frío, muy débil, flácido o apenas responde al contacto.
  • Respira con dificultad, tose o se atraganta durante la alimentación.
  • La leche sale por la nariz o aparecen secreciones anormales.
  • Presenta vómitos, diarrea, abdomen muy hinchado o dolor evidente.
  • Llora de forma persistente o se separa de la madre y de sus hermanos.
  • No gana peso, pierde peso o se observa claramente más pequeño y débil que el resto de la camada.
  • Tiene las encías pálidas, grises o azuladas.
  • La madre está enferma, no produce leche o tiene las mamas inflamadas y dolorosas.

En neonatos, esperar a que el cachorro “tenga más hambre” puede retrasar una intervención necesaria. Es preferible consultar pronto, incluso si finalmente la causa es sencilla de corregir.

Qué comprobar antes de ofrecer la siguiente toma

Si el cachorro está consciente y responde con normalidad, conviene revisar algunos factores básicos sin retrasar la consulta si existen signos de gravedad.

La temperatura y el entorno

El cachorro debe estar en un ambiente estable, limpio y protegido de corrientes de aire. No hay que colocarlo directamente sobre una fuente de calor intensa, porque podría sufrir quemaduras o sobrecalentamiento. Las almohadillas térmicas, bolsas de agua caliente y mantas eléctricas pueden ser peligrosas si están en contacto directo con su cuerpo o no se controlan adecuadamente.

Si está frío, la prioridad es calentarlo de forma gradual y consultar al veterinario. No se debe intentar alimentar a un cachorro frío o inconsciente sin indicación profesional, ya que puede no coordinar la succión y la deglución y aspirar la leche.

La madre y la camada

Hay que observar si la madre acepta al cachorro, si permite que mame y si las mamas parecen normales. Una mama dura, caliente, enrojecida o dolorosa requiere revisión veterinaria. También es útil comprobar si los hermanos se apoderan de todos los pezones o si el cachorro queda apartado.

Las tomas deben realizarse en un lugar tranquilo. El exceso de ruido, las manipulaciones constantes o el estrés de la madre pueden interferir con la lactancia. Sin embargo, el entorno tranquilo no sustituye a una valoración médica cuando el cachorro está débil.

La fórmula y el biberón

Cuando la lactancia artificial es necesaria, debe utilizarse una fórmula específica para cachorros y prepararse siguiendo las indicaciones del fabricante o del veterinario. La leche debe ofrecerse a una temperatura templada y comprobarse antes de la toma.

La tetina debe permitir una succión controlada. Si el orificio es demasiado grande, la leche puede salir con demasiada rapidez y entrar en las vías respiratorias; si es demasiado pequeño, el cachorro puede cansarse y abandonar. No se debe apretar el biberón para impulsar la leche ni verterla directamente en la boca.

Cómo ofrecer la alimentación con seguridad

El cachorro debe estar colocado sobre el vientre, con las extremidades apoyadas y la cabeza alineada con el cuerpo. La tetina debe introducirse suavemente, sin obligarle a abrir la boca ni mantenerla dentro si no succiona. La toma debe ser pausada, permitiendo que el cachorro trague y respire.

Si tose, se atraganta, la leche sale por la nariz o cambia su respiración, hay que detener la alimentación y buscar atención veterinaria. No se debe utilizar una jeringa para introducir leche a presión salvo que un profesional haya enseñado expresamente la técnica y la considere apropiada para ese caso. Una administración incorrecta puede provocar neumonía por aspiración.

Después de cada toma, la higiene es esencial. El biberón y la tetina deben limpiarse correctamente, y la fórmula preparada debe conservarse y desecharse según las indicaciones recibidas. Una preparación o conservación inadecuada favorece la contaminación y los trastornos digestivos.

El peso como indicador de evolución

El peso aporta información muy valiosa en un cachorro recién nacido. Las variaciones deben interpretarse según la edad, el tamaño, la raza, el estado general y las indicaciones del veterinario, pero una falta de progreso o una pérdida de peso son motivos para revisar la alimentación y la salud del animal.

Para hacer un seguimiento útil, conviene pesar al cachorro siempre en condiciones similares y anotar los datos junto con las tomas y cualquier síntoma. No es recomendable modificar por cuenta propia la cantidad o la frecuencia de la leche basándose únicamente en una cifra aislada. Un cachorro pequeño, prematuro o enfermo puede necesitar un control más estrecho.

También debe observarse el comportamiento general: si busca el pezón, succiona con fuerza, duerme tranquilo después de comer y permanece junto a la camada. El llanto continuo, el aislamiento o la falta de reacción son más importantes que una impresión puntual de que ha comido algo.

Estimular la eliminación cuando no está con su madre

Durante las primeras semanas, la madre suele lamer la zona genital y anal de los cachorros para estimular la micción y la defecación. Si el cachorro ha quedado separado de ella, el veterinario puede indicar cómo realizar esta estimulación de forma suave y segura con material limpio.

No se deben introducir objetos, aplicar productos irritantes ni frotar con fuerza. La ausencia de deposiciones, el abdomen distendido, el esfuerzo continuado o la falta de orina deben comunicarse al veterinario, sobre todo si coinciden con rechazo de la alimentación.

Errores frecuentes que pueden empeorar la situación

  • Dar leche de vaca, preparados caseros o alimentos no destinados a cachorros.
  • Forzar el biberón o introducir líquido en la boca cuando no succiona.
  • Alimentarlo boca arriba o sujetarlo con la cabeza demasiado elevada.
  • Intentar calentar rápidamente a un cachorro muy frío con calor intenso.
  • Esperar muchas horas para pedir ayuda porque no parece tener otros síntomas.
  • Separarlo de la madre sin valorar antes si puede mamar con supervisión.
  • Administrar medicamentos, suplementos o soluciones de rehidratación sin indicación veterinaria.
  • Cambiar repetidamente de fórmula o concentrarla más para intentar que gane peso.

El manejo de un neonato exige especial prudencia. Una intervención aparentemente pequeña puede alterar la digestión, causar aspiración o enmascarar signos importantes.

Qué información conviene facilitar al veterinario

La consulta será más útil si se prepara información precisa sobre el cachorro y la camada. Conviene indicar su edad aproximada, peso, raza o tamaño previsto, antecedentes del parto, número de hermanos y si ha mamado con normalidad desde el nacimiento.

También es importante explicar cuándo rechazó la alimentación, cuántas tomas ha realizado, qué tipo de leche ha recibido, cómo se ha ofrecido, si ha orinado o defecado y qué cambios de comportamiento se han observado. Si es posible, registrar el peso y grabar un vídeo breve de la succión o de la respiración puede ayudar al profesional, siempre que no retrase la atención.

La madre debe revisarse igualmente cuando hay problemas de lactancia. Su estado nutricional, el dolor, la fiebre, las alteraciones mamarias o el estrés pueden repercutir directamente en los cachorros.

La prevención empieza antes y después del parto

Los controles veterinarios durante la gestación permiten detectar problemas que pueden afectar al parto o a la lactancia. Tras el nacimiento, todos los cachorros deberían ser observados de forma individual, comprobar que se enganchan a la madre y seguir una evolución de peso adecuada.

Es recomendable mantener la zona de descanso limpia, seca y tranquila, evitar manipulaciones innecesarias y controlar que ningún cachorro quede apartado. La alimentación de la madre, su estado de salud y la calidad del entorno también forman parte de la prevención.

Un cachorro recién nacido que rechaza la alimentación puede recuperarse cuando se identifica pronto la causa, pero también puede empeorar en poco tiempo. Mantenerlo caliente de forma segura, evitar la alimentación forzada y solicitar orientación veterinaria ante cualquier duda son las medidas más responsables.

Vídeo de Por qué un cachorro recién nacido rechaza la alimentación