El pelo que crece entre las almohadillas y alrededor de las patas puede acumular suciedad, humedad, semillas y pequeños restos vegetales. En algunos perros también forma mechones que sobresalen de la planta y reducen el agarre sobre determinados suelos. Mantenerlo recortado puede mejorar la higiene y facilitar la revisión de las patas, pero no conviene eliminarlo sin criterio: cumple una función protectora y un corte demasiado apurado puede causar irritación, cortes o molestias al caminar.
La forma adecuada de hacerlo depende del tipo de pelo, la forma de las patas, la actividad diaria y la tolerancia del perro a la manipulación. Un perro que camina habitualmente por ciudad no tiene las mismas necesidades que uno que corre por el campo, y un animal tranquilo puede aceptar el procedimiento mejor que otro con miedo o dolor en las extremidades.
¿Por qué puede ser necesario recortar el pelo de las almohadillas?
El pelo de la zona plantar no siempre necesita cortarse. En muchos perros basta con revisarlo y mantenerlo limpio. Sin embargo, puede ser conveniente recortarlo cuando crece en exceso, sobresale claramente entre los dedos o forma mechones que interfieren con la pisada.
- Favorece la higiene: reduce la acumulación de barro, polvo, arena, humedad y restos vegetales.
- Facilita la revisión: permite observar mejor si hay espigas, pequeñas heridas, grietas, cuerpos extraños o irritación.
- Evita algunos enredos: el pelo largo puede apelmazarse, sobre todo cuando se moja o entra en contacto con sustancias pegajosas.
- Puede mejorar el agarre: si el pelo sobresale mucho entre las almohadillas, el perro puede resbalar más en suelos lisos.
- Ayuda a mantener las patas secas: aunque no elimina la humedad por completo, un exceso de pelo puede retener agua y suciedad.
Recortar no significa rasurar toda la planta ni dejar la piel completamente expuesta. Las almohadillas amortiguan la pisada y protegen frente al contacto con el suelo. El objetivo es retirar únicamente el exceso de pelo que sobresale o se introduce entre las almohadillas, conservando una capa razonable de protección.
Cuándo no conviene cortar el pelo en casa
Si el perro tiene dolor, se lame de forma insistente, cojea, mantiene una pata levantada o reacciona con brusquedad al tocarle, no es recomendable empezar a cortar. Estos signos pueden indicar una lesión, una espiga, una quemadura, una infección, una uña dañada u otro problema que debe valorarse antes de manipular la zona.
También conviene posponer el corte y consultar con un veterinario si se observan:
- Heridas abiertas, sangrado o secreciones.
- Enrojecimiento intenso, hinchazón o mal olor.
- Grietas profundas en las almohadillas.
- Un cuerpo extraño clavado o difícil de extraer.
- Una almohadilla con cambio de color, pérdida de tejido o aspecto anormal.
- Dolor persistente después de un paseo o de una limpieza.
En perros muy nerviosos, reactivos o incapaces de permanecer quietos, lo más seguro suele ser acudir a una peluquería canina con experiencia o pedir orientación veterinaria. Sujetar con fuerza a un animal asustado aumenta el riesgo de mordiscos y de cortes accidentales.
Material necesario para recortar el pelo
Preparar todo antes de empezar ayuda a trabajar con calma y evita dejar al perro solo mientras se busca algún utensilio. El material debe estar limpio, en buen estado y ser apropiado para una zona pequeña y sensible.
- Máquina cortapelo para mascotas: es la opción más controlable para retirar el pelo de la planta. Debe utilizarse con un cabezal adecuado y sin presionar.
- Tijeras de punta redondeada: pueden servir para recortar mechones que sobresalen, pero exigen mucha precaución y una buena visibilidad de la zona.
- Peine pequeño o cepillo suave: ayuda a separar el pelo y detectar nudos o restos atrapados.
- Toalla: permite secar la pata y ofrece una superficie estable.
- Premios pequeños: sirven para asociar la manipulación con una experiencia positiva.
- Buena iluminación: es imprescindible para distinguir el pelo de la piel y de las almohadillas.
No deben utilizarse tijeras oxidadas, desafiladas o demasiado grandes. Tampoco es aconsejable cortar con herramientas improvisadas ni emplear productos perfumados o desinfectantes sobre la piel sin indicación profesional. La máquina debe mantenerse limpia y revisarse durante el uso para comprobar que no se calienta en exceso.
Cómo preparar al perro antes del corte
El mejor momento es cuando el perro está tranquilo, después de haber descansado y no justo antes de salir a pasear. El lugar debe ser silencioso, bien iluminado y contar con una superficie que no resbale. Si el animal pierde estabilidad, puede sentirse más inseguro y mover la pata de manera repentina.
Antes de recortar, conviene acostumbrarle progresivamente a que le toquen las patas. Se puede empezar acariciando el hombro y bajar poco a poco por la extremidad hasta llegar a los dedos, sin sujetar todavía la pata durante mucho tiempo. Cada contacto tranquilo puede acompañarse de un premio o de una voz calmada.
Acostumbramiento gradual
- Mostrar la máquina o las tijeras sin acercarlas a la pata y premiar la calma.
- Encender la máquina a cierta distancia para que se familiarice con el sonido.
- Tocar brevemente una pata y soltarla antes de que intente retirarla.
- Practicar en sesiones cortas, incluso aunque solo se llegue a revisar una pata.
- Detenerse si aparecen señales claras de miedo, tensión o irritación.
Forzar el procedimiento puede hacer que el perro desarrolle más rechazo en futuras ocasiones. Es preferible recortar una sola pata y continuar otro día que intentar terminar las cuatro en una sesión con demasiada tensión.
Pasos para cortar correctamente el pelo de las almohadillas
1. Revisar y limpiar la pata
Observa la parte superior, los laterales, los espacios entre los dedos y la planta. Retira con la mano o con un peine cualquier hoja, barro seco o resto que pueda salir sin dificultad. Si la pata está mojada, sécala bien con una toalla. El pelo húmedo se apelmaza y dificulta ver dónde empieza la piel.
No tires de nudos fuertemente adheridos ni intentes sacar un objeto clavado con herramientas de corte. En esos casos es más prudente solicitar ayuda profesional.
2. Colocar la pata sin forzarla
Sujeta la extremidad con suavidad, respetando su posición natural. No dobles los dedos hacia atrás ni gires la muñeca para obtener un ángulo más cómodo. En perros pequeños puede ser útil trabajar sobre una superficie estable; en perros grandes, suele resultar más sencillo hacerlo con el animal de pie o tumbado de lado, siempre que se mantenga relajado.
La persona que sujeta al perro debe hacerlo de manera segura, sin inmovilizarlo con fuerza ni presionar el cuello, el abdomen o las articulaciones. Si se mueve continuamente, es mejor parar y buscar ayuda.
3. Separar el pelo para ver la zona
Peina el pelo hacia fuera y localiza los mechones que sobresalen del contorno de las almohadillas. También puedes separar con los dedos el pelo situado entre los dedos, siempre sin introducir la herramienta a ciegas.
Las almohadillas tienen una superficie firme y diferenciada del pelo, pero la piel que las rodea puede quedar oculta. La visibilidad es esencial: nunca cortes si no puedes identificar con claridad qué estás recortando.
4. Recortar el exceso de pelo
Con una máquina adecuada, realiza pasadas cortas y suaves siguiendo la superficie de la pata. No es necesario apurar hasta la piel. Retira el pelo que sobresale entre las almohadillas y el que forma mechones alrededor de los bordes, manteniendo una longitud que proteja la zona.
Si utilizas tijeras, coloca las hojas paralelas a la superficie de la pata y corta solo las puntas que sobresalen. Las tijeras deben permanecer alejadas de la piel y de los pliegues entre los dedos. Nunca apuntes las puntas directamente hacia las almohadillas.
En perros con pelo rizado o muy abundante, puede ser necesario trabajar por capas pequeñas. Es preferible hacer varias pasadas ligeras que intentar retirar todo el pelo de una vez. Si la máquina se calienta, apágala y deja que se enfríe antes de continuar.
5. Comprobar el resultado
Después de recortar, vuelve a revisar cada pata desde distintos ángulos. Comprueba que no haya zonas irritadas, pequeños cortes, mechones tirantes ni restos atrapados entre los dedos. El pelo debe quedar uniforme y sin sobresalir en exceso, pero no es necesario conseguir un acabado completamente rasurado.
Observa cómo camina el perro durante los minutos posteriores. Si cojea, levanta una pata, se lame insistentemente o parece incómodo, revisa la zona y no continúes con las demás patas. Si las molestias persisten, consulta con un veterinario.
Errores frecuentes que conviene evitar
- Rasurar demasiado: dejar la piel desnuda puede aumentar la sensibilidad frente al calor, el frío, la humedad y las superficies ásperas.
- Cortar con prisa: los movimientos rápidos elevan el riesgo de alcanzar la piel.
- Usar tijeras puntiagudas sin visibilidad: los dedos pueden moverse de forma repentina y quedar expuestos.
- Cortar el pelo mojado o apelmazado: dificulta distinguir la piel y los posibles cuerpos extraños.
- Obligar al perro a continuar: el miedo o la resistencia aumentan el peligro para el animal y para la persona.
- Confundir una lesión con suciedad: una zona roja, húmeda o dolorosa no debe ocultarse simplemente recortando el pelo.
- Eliminar el pelo por rutina: no todos los perros necesitan el mismo mantenimiento.
Frecuencia de mantenimiento
No existe una frecuencia válida para todos los perros. El crecimiento del pelo, la densidad del manto y la forma de las patas varían entre individuos. Las razas de pelo largo o rizado suelen requerir revisiones más frecuentes que los perros de pelo corto, pero también influyen la actividad, la época del año y el entorno.
La revisión puede hacerse después de los paseos, especialmente si el perro ha estado en zonas con hierba alta, tierra, nieve o superficies mojadas. Conviene comprobar si el pelo se apelmaza, si retiene suciedad o si sobresale de la planta. Solo será necesario recortar cuando el exceso interfiera con la higiene, el agarre o la comodidad.
En verano no es aconsejable rasurar las almohadillas como medida general contra el calor. El pelo no sustituye a la sombra, el agua ni la elección de horarios adecuados para pasear. Además, el suelo caliente puede dañar las almohadillas aunque el pelo esté corto. En invierno, la humedad y la sal de algunas calles pueden irritar la piel, por lo que resulta especialmente importante lavar o limpiar las patas con agua adecuada y secarlas bien al volver a casa.
Cuidados después del recorte
Tras terminar, ofrece un premio y permite que el perro se relaje. Evita programar inmediatamente un paseo largo por terrenos ásperos, con piedras o con vegetación abundante, sobre todo si se ha retirado bastante pelo. La piel puede quedar más expuesta y conviene observar su reacción.
Mantén las patas limpias y secas. Si se han mojado, sécalas con toques suaves, prestando atención a los espacios entre los dedos. No apliques cremas, aceites ni productos para humanos salvo que un veterinario los haya recomendado expresamente. Algunos productos pueden resultar irritantes o ser perjudiciales si el perro los ingiere al lamerse.
Durante las horas siguientes, vigila la presencia de enrojecimiento, lamido continuo, cojera o sensibilidad. Una ligera incomodidad pasajera puede deberse a la manipulación, pero cualquier empeoramiento o signo de dolor debe valorarse. Si se produce un corte, presiona suavemente con una gasa limpia y solicita consejo veterinario si el sangrado no se detiene o la herida parece profunda.
Cuándo acudir a un profesional de peluquería canina
Un peluquero canino puede ser la mejor opción cuando el perro tiene un manto muy denso, nudos compactos o poca tolerancia a la manipulación. También resulta recomendable si la persona responsable no distingue bien las almohadillas, carece de una máquina apropiada o siente inseguridad al utilizar tijeras.
La peluquería no sustituye al veterinario. Si hay dolor, infección, una herida, una cojera o un cuerpo extraño, primero debe descartarse un problema de salud. Un recorte bien hecho mejora la limpieza y la comodidad, pero no resuelve por sí mismo las alteraciones de las almohadillas ni las causas del lamido persistente.
Con paciencia, buena iluminación y un recorte moderado, el mantenimiento de esta zona puede integrarse en la rutina de cuidados del perro. La prioridad debe ser siempre conservar la protección natural de las almohadillas, evitar movimientos forzados y detenerse ante cualquier señal de dolor o miedo.
PLANETACAN