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Cómo corregir conductas inadecuadas en un cachorro de forma eficaz

Adiestramiento - 15/11/2024
Tabla de contenidos

Corregir conductas inadecuadas en un cachorro no consiste en castigarle hasta que deje de hacerlas, sino en enseñarle qué se espera de él y facilitarle que pueda acertar. Durante los primeros meses, el perro está aprendiendo a relacionarse con las personas, a controlar sus impulsos y a adaptarse a un entorno lleno de estímulos. Muchas conductas que resultan molestas, como morder las manos, saltar, ladrar o hacer sus necesidades dentro de casa, forman parte de ese proceso de aprendizaje.

La educación será más eficaz si se basa en la coherencia, la paciencia y el refuerzo de los comportamientos adecuados. Antes de intervenir, conviene entender por qué aparece una conducta, en qué situaciones se repite y qué obtiene el cachorro cuando la realiza. Solo así será posible modificarla sin generar miedo, frustración o confusión.

Qué significa realmente corregir a un cachorro

Un cachorro no nace sabiendo las normas de convivencia. Todavía está desarrollando su capacidad de autocontrol y necesita muchas repeticiones para aprender. Por eso, no es realista esperar que responda como un perro adulto desde el primer día.

Corregir una conducta significa interrumpir una respuesta inadecuada y enseñar una alternativa aceptable. Por ejemplo, si muerde las manos durante el juego, no basta con apartarle: también hay que mostrarle que puede morder un juguete. Si salta sobre las visitas, tendrá que aprender a saludar con las cuatro patas en el suelo o permaneciendo sentado.

Los resultados suelen ser mejores cuando se actúa en el mismo momento en que aparece la conducta, con indicaciones sencillas y sin reacciones exageradas. Los gritos, los empujones y los castigos físicos pueden aumentar la excitación, provocar miedo o deteriorar la confianza entre el perro y su familia.

Por qué se comporta así un cachorro

Una misma conducta puede tener causas diferentes. Un cachorro que ladra puede estar aburrido, asustado, frustrado, sobreexcitado o buscando atención. Del mismo modo, morder puede ser una forma de jugar, explorar, aliviar molestias en la boca o liberar tensión acumulada.

Antes de corregir, conviene observar varios aspectos:

  • Cuándo aparece: al jugar, cuando se queda solo, durante los paseos o al recibir visitas.
  • Qué ocurre justo antes: un ruido, una persona que se acerca, la retirada de un objeto o un exceso de actividad.
  • Qué consigue el cachorro: atención, acceso a un juguete, movimiento, comida o la oportunidad de escapar de una situación.
  • Cómo responden las personas: si le hablan, le persiguen o le sujetan, puede estar recibiendo atención aunque la intención sea reprenderle.
  • Su estado general: sueño, hambre, necesidad de hacer sus necesidades, dolor, estrés o falta de descanso.

Comprender el origen no significa permitirlo todo. Significa elegir una respuesta más precisa y evitar castigos que no enseñan al perro qué debe hacer en su lugar.

Establecer normas claras desde el primer día

La convivencia resulta más sencilla cuando todas las personas de la casa aplican las mismas reglas. Si un miembro de la familia permite que el cachorro suba al sofá y otro le riñe por hacerlo, el animal no podrá entender qué conducta se espera de él.

Es recomendable decidir con antelación cuestiones como:

  • Qué zonas de la vivienda puede utilizar.
  • Dónde descansará y dónde comerá.
  • Qué objetos son adecuados para morder.
  • Cómo se le recibirá cuando entre alguien en casa.
  • Qué palabras se emplearán para pedirle que se siente, espere o acuda.

Las indicaciones deben ser breves y siempre iguales. No hace falta repetir una orden muchas veces ni elevar la voz. Si el cachorro no responde, puede que la situación sea demasiado difícil, que todavía no haya aprendido la señal o que esté demasiado excitado para concentrarse.

Reforzar lo que hace bien

El cachorro aprende con mayor rapidez cuando recibe una consecuencia agradable después de comportarse correctamente. Ese refuerzo puede ser una caricia, una breve interacción, un juego, una palabra amable o un pequeño premio alimentario, siempre adaptado a su edad, tamaño y estado de salud.

La recompensa debe llegar inmediatamente después de la conducta deseada. Si se quiere enseñar a sentarse, se reforzará el momento en que el cachorro coloca el trasero en el suelo, no varios segundos después. Con el tiempo, podrá aprender a mantener la postura durante más tiempo y a responder en entornos con más distracciones.

No es necesario premiar de forma constante durante toda la vida, pero al principio ayuda a que el perro comprenda con claridad qué comportamiento le interesa repetir. Después, los refuerzos pueden alternarse con elogios, juego o acceso a actividades que le gusten.

Cómo actuar ante las mordeduras

Morder es una de las conductas que más preocupa a las familias. Los cachorros utilizan la boca para explorar, jugar y relacionarse, y es habitual que todavía no controlen bien la fuerza. Sin embargo, deben aprender desde pronto que la piel y la ropa no son juguetes.

Cuando muerda las manos, los pies o la ropa, conviene:

  • Detener el movimiento y evitar forcejear, porque tirar puede convertir la ropa en un juego más atractivo.
  • Interrumpir la interacción durante unos instantes sin gritar ni perseguirle.
  • Ofrecer un juguete adecuado para morder y retomar el juego solo cuando lo utilice.
  • Reforzar los momentos en los que juega con suavidad o se mantiene tranquilo.

Si las mordeduras aparecen sobre todo al final del día, es posible que el cachorro esté cansado o sobreestimulado. Un descanso en un lugar tranquilo puede ser más útil que continuar jugando. También conviene retirar objetos peligrosos o que puedan romperse y ser ingeridos.

Si la conducta es muy intensa, aparece junto con rigidez corporal, gruñidos frecuentes, miedo marcado o intentos repetidos de hacer daño, es aconsejable solicitar la valoración de un profesional de la conducta. Si el cambio surge de forma repentina o parece existir dolor, debe consultarse con un veterinario.

Evitar los saltos sobre las personas

Los saltos suelen mantenerse porque generan atención. Aunque la persona aparte al cachorro o le diga que baje, el contacto visual, las palabras y el movimiento pueden resultar gratificantes.

Para modificar esta conducta, todas las personas deben ignorar el salto: sin hablarle, tocarle ni empujarle. En cuanto mantenga las cuatro patas en el suelo, recibirá atención. También puede enseñársele una conducta alternativa, como sentarse para saludar.

Las visitas deben colaborar y entrar de forma tranquila. Si el cachorro se excita demasiado, se puede utilizar una barrera, una correa sostenida por un adulto o una zona de descanso para evitar que practique continuamente los saltos. Estas medidas deben utilizarse para facilitar el aprendizaje, no como castigo o aislamiento prolongado.

Enseñar dónde hacer sus necesidades

El control de las necesidades se adquiere gradualmente y depende de la edad, la madurez individual, la rutina y la capacidad del cachorro para permanecer sin salir. Los accidentes son normales durante el aprendizaje y no deben castigarse.

Es útil llevarle al lugar adecuado:

  • Al despertarse.
  • Después de comer o beber.
  • Tras jugar o realizar actividad.
  • Antes de dormir.
  • Cuando empiece a olfatear el suelo, dar vueltas o buscar un rincón.

Cuando haga sus necesidades donde corresponde, hay que felicitarle de inmediato y dejarle unos instantes para explorar o relajarse. Si se le sorprende haciéndolo dentro de casa, se puede interrumpir con calma y llevarle al lugar previsto. Después, la zona debe limpiarse bien para eliminar los olores que puedan favorecer la repetición.

Reñirle al encontrar un accidente horas después no sirve, porque no relacionará el castigo con lo que hizo. Además, puede aprender a esconderse para hacer sus necesidades, en lugar de aprender dónde debe hacerlo.

Reducir los ladridos sin castigar

El ladrido es una forma de comunicación. Para reducirlo, primero hay que identificar qué lo desencadena. Un cachorro puede ladrar por excitación, miedo, frustración, soledad, aburrimiento o reacción ante sonidos y movimientos.

Gritarle para que se calle suele aumentar el ruido o añadir tensión a la situación. Es preferible reducir la exposición al estímulo, aumentar la distancia y premiar los momentos de calma. Si ladra al ver personas por la ventana, por ejemplo, puede ser útil limitar el acceso a ese punto y ofrecerle otra actividad antes de que empiece.

También necesita una rutina equilibrada de descanso, juego, exploración y aprendizaje. Un cachorro cansado no siempre se calma: en ocasiones se muestra más irritable y reactivo. El ejercicio debe adaptarse a su edad, desarrollo físico, raza, tamaño y condición individual, evitando exigirle de forma excesiva.

Evitar que robe objetos o destruya en casa

Explorar con la boca es normal, pero algunos objetos pueden ser peligrosos. La prevención resulta fundamental: cables, productos de limpieza, medicamentos, plantas, objetos pequeños y alimentos no aptos deben mantenerse fuera de su alcance.

Si coge algo que no debe, perseguirle puede convertir la situación en un juego o hacer que trague el objeto. Es preferible ofrecer un intercambio: mostrarle un juguete o un premio apropiado, esperar a que suelte el objeto y entregarle la alternativa. Después, se retirará el artículo peligroso sin montar una escena.

La vivienda debe contar con juguetes seguros y variados, siempre supervisando su estado. No todos los juguetes son adecuados para todos los perros; el tamaño, la resistencia y la forma de masticar influyen en la elección. La destrucción constante puede estar relacionada con aburrimiento, falta de descanso, estrés o dificultad para quedarse solo.

Trabajar la calma y el autocontrol

La educación no debe centrarse únicamente en impedir conductas. También es importante enseñar al cachorro a relajarse. Para ello, conviene premiar que se tumbe por iniciativa propia, que espere unos segundos, que observe sin lanzarse hacia un estímulo o que permanezca tranquilo mientras una persona se mueve por la casa.

Las sesiones de aprendizaje deben ser breves y terminar antes de que pierda la concentración. Resulta más eficaz practicar varias veces durante el día que mantener una sesión larga y exigente. El entorno debe ajustarse a sus capacidades: primero se trabaja en un lugar tranquilo y después se aumentan progresivamente las distracciones.

El descanso es una necesidad, no un premio. Un cachorro que duerme poco puede mostrar más mordiscos, carreras, ladridos y dificultad para obedecer. Disponer de una zona tranquila, sin interrupciones constantes, ayuda a prevenir la sobreexcitación.

Errores que dificultan la educación

  • Castigar después de que haya pasado la conducta: el cachorro no entenderá el motivo de la reprimenda.
  • Usar miedo o dolor: los gritos, golpes y métodos intimidatorios pueden provocar inseguridad y problemas de conducta.
  • Repetir una orden sin enseñar primero su significado: la palabra pierde valor y el perro aprende a ignorarla.
  • Permitir una conducta unas veces y prohibirla otras: la falta de coherencia ralentiza el aprendizaje.
  • Exigir demasiado en entornos difíciles: un cachorro que responde en casa puede no hacerlo todavía en la calle.
  • Confundir excitación con desobediencia: a veces necesita distancia, descanso o una actividad más sencilla.
  • Prestar atención solo cuando se porta mal: también hay que reforzar de forma activa los momentos de calma y cooperación.

Cuándo pedir ayuda profesional

Conviene buscar asesoramiento si la conducta genera riesgo, empeora pese a aplicar pautas coherentes o afecta de forma importante a la convivencia. También es recomendable contar con un profesional cualificado cuando hay miedo intenso, protección de recursos, reactividad, mordeduras difíciles de controlar, ansiedad al quedarse solo o una socialización complicada.

Antes de asumir que todo se debe a la educación, hay que descartar problemas físicos. Un cambio repentino de comportamiento, irritabilidad, apatía, alteraciones del apetito, molestias al tocarle, problemas digestivos o dificultades para moverse justifican una consulta veterinaria. La edad, la raza, el tamaño, el historial del cachorro y sus condiciones de vida pueden influir en la forma de abordar cada caso.

La constancia diaria marca más diferencia que las correcciones intensas y ocasionales. Con normas comprensibles, un entorno seguro, suficiente descanso y oportunidades frecuentes para acertar, el cachorro aprende progresivamente a convivir y a sustituir las conductas inadecuadas por respuestas más apropiadas.

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