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¿A qué edad dejan los perros de morder objetos?

Adiestramiento - 14/11/2024
Tabla de contenidos

La mayoría de los perros deja atrás la necesidad intensa de morder objetos durante la etapa de cachorro, pero no existe una edad exacta que sirva para todos. La dentición, la curiosidad, el nivel de actividad, la educación y el entorno influyen mucho en este comportamiento. Algunos reducen claramente las mordidas entre los seis y los doce meses, mientras que otros siguen buscando objetos durante la adolescencia o incluso en la edad adulta.

Morder forma parte del comportamiento normal del perro. El problema aparece cuando se dirige de manera habitual a muebles, zapatos, cables, puertas, prendas de ropa u otros objetos peligrosos. Por eso, más que esperar a que desaparezca por sí solo, conviene entender por qué ocurre y enseñar al perro qué puede morder.

¿A qué edad suelen dejar de morder objetos?

Los cachorros exploran el entorno con la boca desde las primeras semanas de vida. Al principio, morder les ayuda a conocer texturas y objetos, jugar y relacionarse. Más adelante, la salida y el cambio de los dientes intensifican la necesidad de masticar.

La dentición suele desarrollarse durante los primeros meses de vida. En ese periodo, las encías pueden estar sensibles y el cachorro busca aliviar las molestias mordiendo juguetes, muebles o cualquier objeto que encuentre. Cuando termina el cambio de dientes, la necesidad física de masticar suele disminuir, pero eso no significa que el perro vaya a dejar de morder automáticamente.

  • Primeros meses: la exploración y la dentición favorecen que el cachorro muerda con frecuencia.
  • Entre la segunda mitad del primer año y la adolescencia: muchos perros reducen las conductas destructivas si han recibido supervisión y educación coherentes.
  • Edad adulta: el perro puede seguir masticando de forma normal, especialmente durante el juego o cuando tiene acceso a mordedores adecuados.

Un perro adulto que disfruta mordiendo sus juguetes no tiene necesariamente un problema. La preocupación surge cuando destroza objetos de forma persistente, ingiere materiales, se hace daño o empieza a morder después de haber dejado de hacerlo.

Por qué los cachorros muerden tanto

La conducta de morder cumple varias funciones y no siempre está relacionada con la dentición. Identificar el motivo permite elegir una respuesta más eficaz.

Exploración del entorno

Los perros no utilizan las manos para manipular objetos. La boca les permite investigar su consistencia, olor y resistencia. Un cachorro puede sentirse especialmente atraído por unas zapatillas, una manta o la pata de una silla porque son objetos accesibles, tienen olores interesantes o producen una sensación agradable al morderlos.

Molestias en las encías

Durante el cambio de dientes, la masticación puede proporcionar alivio temporal. Es habitual que el cachorro busque objetos con distintas texturas y temperaturas. Los mordedores diseñados para perros pueden ayudar, siempre que sean adecuados para su tamaño, edad y fuerza de mordida.

Juego y aprendizaje

Algunos perros muerden durante el juego porque todavía no han aprendido a controlar la fuerza de la boca. Si las manos, los calcetines o las prendas se utilizan como juguetes, el cachorro puede entender que cualquier objeto en movimiento forma parte del juego.

Aburrimiento o falta de actividad

Un perro con pocas oportunidades para olfatear, jugar, aprender y descansar puede buscar su propia ocupación. Morder objetos es una actividad entretenida y, en algunos casos, consigue llamar la atención de la familia.

Estrés o dificultad para quedarse solo

La destrucción también puede aparecer cuando el perro está nervioso, frustrado o no sabe gestionar determinados momentos. Si los destrozos se producen principalmente cuando se queda solo, conviene observar el contexto y valorar la ayuda de un profesional de la conducta. No es recomendable interpretar automáticamente esta conducta como desobediencia o venganza.

¿La raza y el tamaño influyen?

La raza no determina por sí sola cuándo dejará de morder, pero puede influir en la intensidad y en la frecuencia de la masticación. Hay perros seleccionados para cobrar, sujetar objetos, trabajar con la boca o mantener altos niveles de actividad. También existen diferencias entre individuos de la misma raza.

El tamaño tampoco permite establecer una edad exacta. Los perros pequeños pueden conservar conductas de cachorro durante más tiempo en algunos aspectos, mientras que los perros grandes suelen madurar más despacio. Aun así, la educación, el descanso, la rutina y las experiencias del perro tienen un peso importante.

Un perro activo que recibe pocas oportunidades para gastar energía y utilizar el olfato puede morder más que otro de la misma raza con una rutina mejor adaptada. Del mismo modo, un perro tranquilo puede mantener la conducta si ha aprendido que morder determinados objetos resulta divertido o gratificante.

Cómo enseñar qué puede morder

La forma más eficaz de reducir las mordidas inadecuadas consiste en combinar prevención, supervisión y aprendizaje. No basta con retirar un objeto sin ofrecer una alternativa.

Ofrece mordedores seguros y variados

Conviene disponer de varios objetos diseñados para perros, con diferentes formas y texturas. Deben ser resistentes, pero no tan duros como para dañar los dientes. Si el mordedor se rompe, desprende piezas o puede tragarse, hay que retirarlo.

  • Elige un tamaño que no pueda tragarse accidentalmente.
  • Comprueba con frecuencia si presenta grietas, bordes afilados o trozos sueltos.
  • Supervisa especialmente al perro cuando estrena un objeto.
  • Rota los juguetes para mantener el interés sin saturarlo.
  • No utilices objetos domésticos que se parezcan a los que no debe morder.

Si el cachorro empieza a morder un mueble o una prenda, se puede interrumpir con calma y ofrecerle un mordedor apropiado. Cuando lo utilice, es útil reforzar la elección con atención, juego o una pequeña recompensa adecuada para el perro.

Controla el entorno

Durante los primeros meses, la supervisión es una herramienta educativa. Es preferible guardar zapatos, mandos, cables, productos de limpieza, medicación, juguetes infantiles y cualquier objeto que pueda resultar peligroso. También se pueden utilizar barreras físicas para limitar el acceso a determinadas zonas cuando no sea posible vigilarlo.

La prevención evita que el cachorro practique una y otra vez la conducta que se quiere reducir. Además, disminuye el riesgo de intoxicaciones, atragantamientos, heridas y obstrucciones digestivas provocadas por la ingestión de materiales.

Evita los castigos

Gritar, perseguir al perro o castigarle después de encontrar un objeto destrozado no suele enseñarle qué debe hacer. El perro puede no relacionar el castigo con la conducta ocurrida minutos antes y, en cambio, aprender a esconderse o a evitar a la persona.

Si se le sorprende mordiendo algo inadecuado, es mejor intervenir sin brusquedad, retirar el objeto cuando sea seguro y redirigirle hacia una alternativa permitida. La respuesta debe ser coherente para que el perro pueda entenderla.

Qué hacer si muerde las manos, la ropa o los pies

Las mordidas durante el juego son frecuentes en los cachorros, pero es importante enseñarles desde el principio que la piel y la ropa no son juguetes. Si el perro se lanza a los tobillos o tira de una manga, conviene evitar movimientos bruscos que aumenten su excitación.

  • Quédate quieto durante unos instantes si está mordiendo la ropa o los pies.
  • Interrumpe el juego con calma y ofrece un juguete apropiado.
  • Reanuda la interacción cuando el perro esté más tranquilo.
  • Premia los momentos en los que juega sin utilizar las manos como objetivo.
  • Todos los miembros de la familia deben seguir las mismas normas.

Los juegos de tirar pueden formar parte de una rutina adecuada si se realizan con un juguete resistente y se enseña al perro a soltarlo. No es necesario eliminar este tipo de juego, pero sí evitar que la excitación termine en mordiscos a las personas.

La importancia del descanso y la rutina

Un cachorro cansado no siempre se comporta mejor. Cuando duerme poco o acumula demasiados estímulos, puede mostrarse más irritable, acelerado y mordedor. Los cachorros necesitan periodos frecuentes de descanso y un entorno que les permita desconectar.

Una rutina equilibrada puede incluir:

  • Paseos adaptados a su edad y condición física.
  • Tiempo para olfatear sin prisas.
  • Sesiones breves de educación con refuerzo positivo.
  • Juegos tranquilos y actividades de masticación supervisadas.
  • Descanso suficiente en un lugar cómodo y sin interrupciones.

La actividad debe adaptarse al perro. Forzar ejercicio intenso para intentar agotarlo puede aumentar la excitación o causar problemas físicos, especialmente en cachorros de razas grandes. El veterinario puede orientar sobre las necesidades de ejercicio cuando existen dudas relacionadas con el crecimiento o la salud.

Cuándo deja de ser una conducta normal

La masticación es normal, pero merece atención cuando presenta alguna de estas características:

  • El perro ingiere trozos de plástico, tela, madera u otros materiales.
  • Se rompe dientes, se lesiona la boca o sangra al morder.
  • La destrucción es intensa y se produce de forma repetida.
  • La conducta aparece de repente en un perro adulto.
  • También hay jadeo excesivo, vocalizaciones, inquietud, miedo o cambios importantes en la rutina.
  • El perro parece tener dolor en la boca o dificultad para comer.
  • Los destrozos se concentran en puertas, ventanas o zonas de salida cuando se queda solo.

Si el perro ha tragado un objeto, no conviene esperar a que aparezcan síntomas ni provocar el vómito por cuenta propia. Es necesario contactar con un veterinario para recibir indicaciones según el material, el tamaño del objeto y el estado del animal. También debe consultarse si hay vómitos, apatía, dolor, falta de apetito, dificultad para defecar o cualquier otro signo preocupante.

Cuando un perro adulto empieza a morder objetos

Un cambio repentino en un perro adulto no debería atribuirse únicamente a aburrimiento. Puede coincidir con modificaciones en el hogar, menos actividad, más tiempo solo, estrés o una dificultad para adaptarse a una situación nueva. También puede existir un problema de salud que cause malestar o altere su comportamiento.

La revisión veterinaria es especialmente recomendable si la conducta aparece de forma brusca, si el perro se muestra diferente en otros aspectos o si parece tener molestias. Una vez descartadas las causas médicas, un educador canino o especialista en comportamiento puede ayudar a analizar el contexto y establecer un plan seguro.

Errores frecuentes al intentar corregir las mordidas

  • Esperar a que madure sin enseñarle: algunos perros reducen la conducta con la edad, pero los hábitos que se mantienen durante meses pueden consolidarse.
  • Dar un zapato viejo como juguete: el perro puede tener dificultades para distinguirlo de los zapatos que sí están prohibidos.
  • Dejar demasiados objetos a su alcance: la libertad debe ampliarse progresivamente según el perro demuestra que sabe elegir.
  • Regañarle al volver a casa: el castigo tardío no explica qué conducta se pretende corregir y puede aumentar la inseguridad.
  • Utilizar mordedores peligrosamente duros: algunos objetos pueden fracturar dientes o desprender fragmentos.
  • Estimularle sin pausas: más juego no siempre significa mejor conducta; también necesita aprender a relajarse.

Qué evolución se puede esperar

Con una educación constante, un entorno seguro y una rutina adecuada, lo habitual es que las mordidas destructivas disminuyan a medida que el perro madura. El objetivo no es que deje de utilizar la boca por completo, sino que aprenda a dirigir esa necesidad hacia objetos apropiados y a controlar su conducta en casa.

Puede haber retrocesos durante la adolescencia, después de un cambio de vivienda, al modificar los horarios o cuando aumentan el estrés y el tiempo de soledad. Estos episodios no significan necesariamente que se haya perdido todo el aprendizaje. Suelen indicar que hay que revisar la rutina, reforzar la supervisión y ajustar las actividades a las necesidades actuales del perro.

La edad ayuda, pero no es el único factor. Un perro que recibe alternativas adecuadas, aprende normas claras y cuenta con atención veterinaria cuando es necesario tiene más posibilidades de dejar atrás la destrucción de objetos y conservar una masticación segura durante toda su vida.

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